La tremenda competitividad del sector obliga a los hoteles a tener un patrimonio humano lo más completo posible: un empleado tiene que saber hacer de todo, ayudar en otros departamentos cuando sea necesario, ofrecer un trato exquisito al ciente y pensar en él, y continuar la formación dentro del puesto de trabajo.
Todo esto es lo que nos enseñan en clase. Sin embargo, nadie te dice lo difícil que puede llegar a ser adentrarse en este mundo. Desde tener que conocer cada opción de un programa de reservas horrible (damos por supuesto que nos sabemos todas las tarifas que hay, cómo consultarlas en caso de cambio de las mismas y que sabemos operar con la centralita telefónica, otro mundo) hasta servir correctamente y con agilidad bebidas y cenas en terraza.
2 de oros, 4 de espadas, 5 de copas... paja, si estuviéramos jugando a la brisca. Paja es la inmensa mayoría de los conocimientos que se imparten en clase en la carrera de turismo. 3 años de introducciones a la empresa, introducciones a la economía, introducciones al derecho, solapamientos... todo ello, para llegar a un hotel y que los empleados se sorprendan al explicarles que no has recibido clases sobre programas de gestión hotelera, que tu inglés ojalá llegase al nivel del de Gomaespuma, que no sabes hacer ni un check-out, y que si sabes hacer un café es "porque estuve currando en un bar en verano".
La Universidad no se adapta a lo demandado en el mercado laboral turístico. Esta verdad te pega un puñetazo en la cara cuando sales de 3 años de Diplomatura y pretendes trabajar en un hotel competitivo.
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